En nuestra sociedad, no se habla mucho sobre las emociones. Las conversaciones tienden a enfocarse más en lo que estamos haciendo o en lo que estamos pensando. En realidad, la mayoría de las personas prefiere comenzar con frases como “Yo pienso que…” en lugar de “Yo siento que…”, simplemente porque parece menos “extraño”.

En general, nunca se nos enseña acerca de nuestras emociones y sentimientos. En lugar de eso, se espera que aprendamos maneras socialmente aceptables de tratar con los sentimientos observando a las personas que nos rodean. Aquellos que no tuvieron la suerte de crecer rodeados por buenos modelos de comportamiento emocional, probablemente pasaron por alto algunos aspectos muy importantes.

Aquí están algunos de los mitos más comunes sobre las emociones:

1. Si se reprimen las emociones, desaparecen

Reprimir las emociones hace que las emociones se enquisten dentro de nosotros. Cuando las ignoramos sin gestionar lo que sentimos, esas emociones van acumulándose, hasta un día nos lleva a explotar. O mucho peor, que nuestras emociones se conviertan en bloqueos físicos e incluso en enfermedades.
Imagínate una olla a presión, en la que la presión quede acumulada dentro sin poder salir por el pitorrito. Debemos gestionar nuestras emociones para que puedan salir de forma sana y expresar lo que sentimos y pensamos para seguir el proceso natural de nuestro cuerpo.

2. Las emociones son permanentes

Cuando nos sentimos mal parece como si fueran a durar una eternidad. Pero en realidad, todas las emociones vienen y van. Siempre que hagamos el proceso correcto: sentir la emoción en nuestro cuerpo, observarla, identificar qué emoción es, dejarla que se quede en nosotros un rato y la expresamos si es necesario. Aunque quiero dejar algo claro, solo por expresar la emoción no va a hacer que desaparezca del todo.  Este es el mito de la catarsis, muy difundido por el psicoanálisis. Expresar lo que sentimos puede aliviar su intensidad, pero no es curativo por sí solo. Aquello que provocó la emoción volverá a provocarlo a menos que haya un cambio en nosotros más profundo, es un proceso.

3. Hay emociones positivas y negativas

Muchos autores las clasifican de esta manera, pero en realidad todas las emociones que sentimos son adaptativas. Esto quiere decir que todas las emociones son una reacción en respuesta a lo que ocurre fuera y dentro de nosotros, y eso es lo que nos ha ayudado a sobrevivir como especie. Todas las emociones sirven para protegernos. Y aunque es verdad que algunas son más agradables que otras, todas y cada una de ellas nos dan una información necesaria y útil para nuestra supervivencia y bienestar.

4. Hay que estar alegre siempre o intentar estarlo.

La alegría es nuestra emoción favorita, porque es de las más agradables, nos hace sentir bien. Pero es imposible estar alegre todo el tiempo. Primero porque biológicamente no funcionan así, nuestras emociones varían continuamente a lo largo del día dependiendo de las reacciones a lo que nos va ocurriendo. Y además, porque esas emociones que no nos son tan agradables de sentir (miedo, rabia, tristeza…) son necesarias que las sintamos para valorar lo que tenemos. Es un equilibrio de fuerzas. Imagínate que pierdes a alguien querido y tu emoción constante fuese la alegría. Sería literalmente una locura. Las emociones como el miedo, la tristeza o la rabia sirven nos ayudan a conectar con nosotros mismos, reflexionar, valorar lo que tenemos y poder poner límites para recuperar el equilibrio.

5. El enfado y la rabia son emociones que hay que evitar

Cuando somos pequeños nos suelen enseñar que enfadarse y sentir rabia está mal. Hasta el punto de por sentir esas emociones te podían tachar de tonto, malo o hacerte sentir culpable por sentirlas. Así que de adultos hemos seguido comportándonos como nos enseñaron, sin poder mostrar la rabia o el enfado cuando lo sentimos. O al revés, a mostrar la rabia y el enfado en extremo. El enfado es una emoción necesaria. Si cuando nos enfadamos podemos expresar lo que sentimos de una manera sana, nos va a liberar mucho peso emocional, nos ayuda a conocernos mejor y así poder poner límites en nuestra vida.

6. Hay que vencer el miedo

Se nos enseña que el miedo es un enemigo contra el que hay que luchar. Es cierto que el miedo puede llegar a ser muy poderoso en nuestra vida, pero ir contra él no es la solución, solo lo hará más grande. Si nos da miedo por ejemplo a hablar en público, y te dices a ti mismo “No tengo que sentir miedo” nuestro cerebro se focaliza en la palabra miedo, pero el ‘no’ no lo procesa. Y nuestros pensamientos crean las emociones, por lo que nuestro cerebro lo procesa como una orden nuestra de aviso para tener miedo a esa experiencia y así poder estar en alerta.  Si en vez de ponernos el miedo delante para que nos bloquee, le dejamos que nos acompañe, dejará de ser un enemigo para convertirse en nuestro aliado. Y será entonces cuando podamos encontrarnos hablando en público a pesar del miedo. El miedo saldrá y estará ahí fuera contigo, será incómodo, pero lo hace para protegernos en momentos que verdaderamente lo necesitemos.

7. Hay que distraerse para que la tristeza se vaya

Si nos distraemos, lo que ocurre simplemente es que la tristeza queda aparcada, pero va a seguir dentro. Distraernos puede servir por un rato, pero tarde o temprano en otra situación, momento o lugar esa tristeza si no se resuelve, va a volver a nosotros. Solo si dejamos que la tristeza salga sin reprimirla, nos dejamos vivirla para pasar ese proceso, solo entonces irá desvaneciéndose. Eso sí, vívela con esperanza y siendo consciente de que eso también pasará, sin revolcarte en la tristeza, porque ahí estarías gestionándola mal y de la tristeza a la depresión solo hay un paso.

8. Hay que razonar las emociones fuertes

No es posible razonar bien cuando estamos experimentando una emoción muy fuerte, porque es nuestro cuerpo el que toma el control, justamente para que la mente no tenga que tomar decisiones. Es otro sistema de supervivencia. Una vez baje la respuesta emocional, ahí sí que podremos pararnos a razonar y poner pensamientos a lo que hemos sentido. Dejar que las emociones hagan su proceso natural es beneficioso para todo nuestro cuerpo.  

9. “No tengo control de las emociones incómodas”

Cuando las personas dudan de su capacidad para tolerar ciertas emociones, esto las lleva a evitarlas. A finales de 2009 tras el infarto de mi padre comencé a tener mucha ansiedad y preocupación, y por intentar evitar esa sensación acabé desarrollando un trastorno de ansiedad y agorafobia. Esto es un caso extremo, pero en el día a día perdemos oportunidades por pensar que no vamos a poder gestionar bien nuestras emociones en ciertos momentos. Como ocurre por ejemplo con las personas que no se sienten cómodas con las confrontaciones, pueden llegar a evitar una conversación con la que podrían solucionar una situación, eso hace que el problema aumente y puedan perder oportunidades.

“La gente que escucha a sus emociones sin ignorarlas producen que su nivel de confianza aumente”. Thich Nhat Hanh

10. Los demás tienen el poder de hacernos sentir determinadas emociones.

Seguro que alguna vez has dicho algo parecido a “esta persona me hace siempre sentir mal conmigo mismo”, o la típica “me pone de mala hostia” Pero en realidad, nadie puede hacer que tengas esos sentimientos. Las otras personas pueden influir en la forma en que te sientes, pero tú eres el único responsable de tus emociones y decidir hasta dónde quieres que te afecten.

11. Las emociones no pueden desarrollarse.

Es un gran mito pensar que aquellas emociones que no desarrollamos de niños no podremos desarrollarlas siendo adultos. Aunque las experiencias del pasado influyen, no son determinantes. La inteligencia emocional como bien dice su nombre, es una inteligencia, por lo que aprendiendo y con práctica se puede llegar a desarrollarla. La naturaleza humana es más plástica de lo que creemos, aunque algunos se empeñen en no cambiar (“yo es que soy así”)

12. Las personas inteligentes destacan por su razón, no por su emoción. 

Este mito viene de la creencia desde nuestra educación que la inteligencia logico-matematica es la más importante y la “racional”. Pero el saber identificar y gestionar las emociones se engloba también en otra inteligencia, la inteligencia emocional. Todos tenemos más o menos desarrolladas todas las inteligencias (inteligencias múltiples de Gardner) pero generalmente tenemos una o dos más desarrolladas que el resto. Todos somos por lo tanto inteligentes, pero en distintas inteligencias.  Se sabe que en lo que se diferencian las personas de éxito de las que no lo son, es justamente que tienen más desarrolla la inteligencia emocional, lo que les ayuda a sobreponerse mejor de los baches e incluso mejorar gracias a ellos.